Actualidad Nacional

Cuando el fusil reemplaza a la escuela: el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes en Colombia

Por: Martha Ruiz Solera, representante a la Cámara por Córdoba

Hay una cifra que debería detener al país: al menos 1.500 niños, niñas y adolescentes han sido reclutados por grupos armados en Colombia desde 2021, según un análisis de datos de la Defensoría del Pueblo realizado por Human Rights Watch. Más de la mitad de esos casos se concentran en el departamento del Cauca, y la organización advierte que la cifra real es, con seguridad, más alta, porque no existen registros exhaustivos de todo lo que ocurre en los territorios donde el Estado apenas llega.

Lo escribo con dolor. Me duele este país. Me duele nuestra niñez. Me duele el futuro de Colombia cuando, en el gobierno que se presentó a sí mismo como el de la «Paz Total», el reclutamiento infantil ha cedido de manera sostenida. Naciones Unidas documentó que, en el último lustro, el reclutamiento y uso de niños por grupos armados en Colombia se multiplicó por cuatro: un aumento del 300 %, en paralelo con la expansión descontrolada de estructuras ilegales que hoy superan los 27.000 integrantes entre combatientes y redes de apoyo.

Una guerra que ya no necesita raptar niños
Lo más inquietante de este fenómeno es su método. El International Crisis Group señala que, a diferencia de décadas anteriores, hoy es inusual que un niño sea raptado por la fuerza; en cambio, muchos abandonan sus hogares atraídos por promesas falsas de dinero, estatus o incluso protección. Human Rights Watch documentó cómo las disidencias de las antiguas FARC utilizan plataformas como TikTok y Facebook para exhibir contenido que glorifica sus operaciones y para ofrecer, de manera explícita, vinculación a menores, aprovechando la pobreza, la exclusión social y la falta de acceso a educación como factores que aumentan su vulnerabilidad.

El patrón que sigue después es deliberado: una vez captado, el niño es trasladado a otra región. Como una estrategia de ruptura. Al alejarlo de su entorno, los grupos armados buscan aislarlo, romper sus vínculos familiares y comunitarios, y dificultar cualquier posibilidad de fuga. El resultado es una infancia cortada de raíz de su comunidad, su lengua, su territorio y su afecto, justo en el momento del desarrollo en que esos vínculos son estructurantes.

Las comunidades étnicas son las mas afectadas. Los niños indígenas representan cerca de la mitad de todos los casos documentados en el informe de Human Rights Watch, y aproximadamente el 30 % de las víctimas tenían entre 10 y 14 años. Como lo expresó una lideresa indígena citada en ese informe, se está poniendo en riesgo la existencia de comunidades y culturas enteras.

El hogar fragmentado y la libertad sin brújula
Esto no es solo un problema de orden público se convierte también en un problema de salud mental colectiva. La familia debería ser el núcleo primario de protección de un niño; hoy, en muchos hogares colombianos, esa función está fragmentada. No es la de ausencia física de los padres, hablo de la libertad digital descontrolada: niños y adolescentes con acceso irrestricto a redes sociales, sin acompañamiento adulto, expuestos durante horas a contenido que —como documentó Human Rights Watch al identificar decenas de cuentas activas en estas plataformas— normaliza el uso de armas y el dinero fácil como símbolos de éxito.

El resultado es previsible: un adolescente en condición de pobreza o exclusión social encuentra en una pantalla, antes que en su casa o en su escuela, una oferta de pertenencia, identidad y sustento. Esa es la puerta exacta por donde los grupos armados están entrando hoy a la vida de nuestros niños.

Un ciclo que se hereda: la mirada de la psicología
Como psicóloga, no puedo dejar de pensar en lo que ocurre después del rescate, después del retorno. La literatura científica sobre transmisión transgeneracional del trauma —un concepto acuñado por Vamik Volkan a partir de los principios psicoanalíticos, y desarrollado en paralelo por autores como Danieli y Albeck— muestra que las situaciones traumáticas derivadas de la violencia política organizada no afectan únicamente a quien las vive de manera directa, sino a varias generaciones de descendientes. Revisiones sistemáticas recientes sobre transmisión intergeneracional del trauma psicológico confirman que existe una transmisión efectiva entre padres y sus hijos, con componentes tanto desadaptativos como, en ocasiones, ciertas habilidades de afrontamiento, pero cuyo saldo predominante en contextos de violencia sostenida es negativo.

Esto es la explicación de por qué la violencia armada en Colombia no se apaga con un cese al fuego. Investigaciones sobre violencia intrafamiliar han encontrado que las personas que crecieron en hogares donde presenciaron violencia entre sus padres tienen una probabilidad significativamente mayor de recrear esos mismos patrones en su vida adulta. Si eso es cierto para la violencia doméstica, con mayor razón debe preocuparnos lo que ocurre cuando un menor no solo presencia la violencia, sino que es entrenado militarmente para ejercerla como forma de subsistencia.

Cuando el arma sustituye a la culpa
Desde el psicoanálisis, el desarrollo de la instancia moral —lo que Freud llamó el superyó— se construye en la infancia a partir de las figuras de referencia, los vínculos de apego y las normas que el entorno primario transmite como límite. Un niño que crece internalizando que las armas son la única vía de supervivencia y que el poder se ejerce con violencia, está formando su aparato psíquico alrededor de esa lógica. La transmisión transgeneracional del trauma explica, en parte, cómo la exposición prolongada a la violencia puede generar procesos de identificación con el agresor y una desensibilización progresiva frente al daño causado a otros.

El riesgo que esto plantea a mediano plazo es enorme: estamos, potencialmente, formando generaciones de seres humanos para quienes delinquir no despierta la culpa mínima que regula la convivencia social. No es un juicio hacia esos niños ELLOS SON VICTIMAS. Es una advertencia clínica sobre lo que le ocurre a un psiquismo infantil cuando el Estado, la familia y la sociedad le fallan en el momento exacto en que se está formando su brújula ética.

Lo que está en juego
Cada año hay un nuevo pico de reclutamiento. Por eso se requiere una respuesta articulada que actúe simultáneamente sobre tres frentes: la protección efectiva del territorio en los departamentos más golpeados —Cauca y Norte de Santander, la regulación real de la exposición de menores a contenido de reclutamiento en redes sociales, y el fortalecimiento del núcleo familiar como primer sistema de protección, con acompañamiento psicosocial para las comunidades más vulnerables.

Como dijo Human Rights Watch cada niño reclutado es una muestra del fracaso del Estado. Pero también es, desde la psicología, una advertencia sobre el país que estamos construyendo para las próximas décadas: uno donde el ciclo de la violencia no se rompe, se hereda. Y ese es un costo que Colombia no puede seguir pagando ante la mirada silenciosa de muchos.

Fuentes consultadas
Human Rights Watch (2026). «Pensé que nunca volvería a ver a mi mamá»: Reclutamiento y uso de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados en Colombia.
UNICEF (2026). El reclutamiento y el uso de niños y niñas por grupos armados en Colombia se cuadruplica en un periodo de cinco años.
International Crisis Group (2026). Menores en el frente de batalla: detener el reclutamiento infantil en Colombia. Informe breve N.º 55.
El Tiempo (2026). Cada tres días, un menor de edad es reclutado por grupos armados en Colombia en 2026: Defensoría.
Volkan, V. (1996); Danieli, Y. (1998); Albeck, S. (1993). Marco teórico sobre transmisión transgeneracional del trauma, citado en: Revista de Psicología de la Universidad de Chile, Aproximaciones al estudio de la Transmisión Transgeneracional del Trauma Psicosocial.
Larrea Velasco, N. Transmisión intergeneracional del trauma psicológico: una revisión sistemática. Universidad de Oviedo.
García, A. et al. Transmisión transgeneracional de la violencia de pareja y funcionalidad familiar. Universidad Señor de Sipán.

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