Fumar o vapear no solo afecta el sistema respiratorio, también tiene consecuencias graves sobre el cerebro. Investigaciones recientes revelan que el consumo frecuente de cigarrillos o dispositivos electrónicos está relacionado con un declive cognitivo progresivo, afectando la memoria, el lenguaje y la capacidad de atención.
Según los resultados, las personas que dejan el hábito antes de los 40 años presentan un deterioro mucho más lento en comparación con los fumadores activos. Las sustancias contenidas en la nicotina y los aerosoles del vapeo dañan áreas del cerebro relacionadas con la fluidez verbal y la memoria, reduciéndolas hasta en un 50 % y 20 % respectivamente.
El riesgo es aún mayor en jóvenes y adultos menores de 25 años, ya que el cerebro sigue en desarrollo. Además, el impacto no se limita al sistema nervioso: fumar y vapear aumentan las probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Esta evidencia refuerza la importancia de fortalecer campañas de prevención, especialmente en comunidades con menor acceso a servicios de salud, donde los efectos del tabaquismo y el vapeo pueden ser más devastadores.







